La kombucha de Extremadura que se convirtió en una bebida global | Negocios

A Beatriz Magro, como le dijo su madre, la “vino Dios a ver” cuando en 2016 probó aquella bebida fermentada a base de té: “Sentí que la kombucha era lo que yo tenía que hacer en el mundo”. Aquel momento de providencia le llegó en California, la primera parada de un viaje alrededor del globo que había comenzado poco antes con una mochila y 16.000 euros. Fue entrelazando su aventura viajera con la empresarial, en la que también se embarcaron su mejor amiga y cofundadora, Nuria Morales, y su madre, Milagros Nogales, y unos tres meses después de regresar, en marzo de 2017, la compañía que imaginó se hizo realidad.

California fue el punto de partida. “Ya en esa primera etapa me fui a ver una fábrica de kombucha”, recuerda. Por el camino, un poco más al sur, su mejor amiga, ingeniera química, se convirtió también en su socia. Morales fue a verla mientras estaba en Bolivia y viajaron juntas unas semanas: “Ahí es cuando la convenzo para que se vuelva y empiece a trabajar en nuestra receta”, recuerda la consejera delegada.

En el viaje, la confundadora se trajo la idea, pero se dejó los ahorros. Cuenta que volvió con 1.500 euros, que era lo que cada socia debía aportar para la constitución de la sociedad. Poco después de instalarse en un “rincón” de una nave en su pueblo extremeño, Fregenal de la Sierra, pidieron un préstamo al ya entonces marido de Magro, Daniel Romero-Abreu, que después se convirtió en su “primer inversor”.

En mayo de 2017 acudieron a su entorno cercano en busca de financiación. “Eran familiares y amigos a los que dijimos: ‘Vamos a poner todo de nuestra parte para que esto salga bien, pero podéis perder el dinero que nos vais a dejar’. Porque obviamente no teníamos un chavo”, rememora esta extremeña de casi 37 años. “Se convirtieron en nuestros primeros inversores y a día de hoy siguen con nosotras”, añade.

La primera nómina de la compañía iba a nombre de Milagros Nogales: “Ella había sido siempre ama de casa, renuncia absoluta a su vida para criar a sus tres hijos, y en Komvida encuentra la primera oportunidad laboral”. La empresa emplea a unas cien personas, de las que alrededor del 80%, según la cofundadora, son mujeres rurales, una apuesta en la que convergen dos pilares clave de su proyecto: la creación de riqueza en este tipo de entornos y la generación de oportunidades para mujeres.

Cuota de mercado

Siete años después, Komvida tiene más del 50% de cuota de mercado, factura en torno a los 12 millones de euros y es rentable desde el tercer año. “Somos una empresa sostenible, con muy buen ebitda [beneficio de explotación]”, apunta Magro. “No se nos ha ido la cabeza sin pensar en la rentabilidad y sin pensar que esto, sobre todo, tiene que ser sostenible”. Sus botellas rechonchas llegan a los consumidores a través de 14.500 puntos de distribución y de la venta online, en la que también cuentan con un modelo de suscripción.

Su principal mercado es el nacional, pero al igual que Magro en su día, sus productos están aterrizando en otras latitudes. Además de seguir creciendo y consolidarse en España, también quieren hacerse con el liderazgo continental: “Seguir creando riqueza en entornos rurales, ya no solo en Fregenal, sino exportar esto, y generando oportunidades entre las mujeres, que son pilares tan importantes como el de llevar nuestra kombucha por toda Europa”. Por el momento tienen presencia en Portugal, Polonia, República Checa y Hungría, aunque aún supone una parte muy pequeña de su facturación. La meta, en lo que a números se refiere, está puesta en superar los 50 millones de facturación y los 10 millones de ebitda en 2028.

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