Irán lanza un ataque inédito contra Israel con decenas de drones y misiles | Internacional

Irán ha cumplido su amenaza y lanzado un ataque sin precedentes contra Israel que transforma la historia de Oriente Próximo. Se trata del primero desde su territorio contra el Estado judío tras años de guerra soterrada. La anunciada represalia por el asesinato de siete de sus mandos militares el pasado día 1 en un bombardeo contra un edificio consular en Damasco ha tomado la forma de más de cien drones y de misiles contra Israel que han activado las sirenas antiaéreas y dejado ruido de explosiones en Jerusalén mientras el cielo se llenaba de estelas. En pocos minutos, las sirenas han sonado en otras zonas del país. Las autoridades solo han informado de momento de que una niña ha resultado herida de gravedad. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha reafirmado su “inquebrantable” apoyo a Israel, mientras que Teherán da “el asunto por concluido” y amenaza con una acción “considerablemente más severa” si Israel “comete otro error”.

La creciente tensión entre Israel e Irán ha pasado en pocas horas de las amenazas a los hechos, en medio de la mayor crisis en la región en medio siglo, con seis meses de sangrienta guerra en Gaza y escaramuzas, cada vez más violentas, entre Israel y la milicia libanesa de Hezbolá, aliada de Teherán. En torno a las 02.00 hora local (01.00, hora peninsular española), el cielo de Jerusalén se ha llenado de estelas en trayectoria descendiente, aparentemente de drones, y se han escuchado explosiones como las que suelen provocar las intercepciones por el escudo antimisiles. Inmediatamente después se ha anunciado la alerta roja desde los altavoces.

Israel mantiene cerrado su espacio aéreo, está en alerta total y ha movilizado decenas de aviones militares en el aire para interceptar los ataques. La vecina Jordania, un aliado de Estados Unidos que tiene relaciones diplomáticas con Israel, ha interceptado decenas de los drones que penetraron en su espacio aéreo.

El Gobierno también ha recordado a la población que debe dirigirse a los refugios si escucha las alertas antiaéreas y exhortado a permanecer cerca de espacios protegidos a los residentes en Dimona (que alberga la central nuclear donde se presume que desarrolla armamento atómico); Nevatim (con una base aérea); Eilat, en la punta sur del país y con miles de evacuados de otras zonas; y los Altos del Golán, territorio sirio que conquistó en la Guerra de los Seis Días de 1967. Poco antes, Estados Unidos reforzó su presencia militar en la zona y su presidente, Joe Biden, interrumpió su descanso de fin de semana para regresar a la Casa Blanca. A primera hora del día, la Guardia Revolucionaria ya había abordado en el estrecho de Ormuz un barco con 25 tripulantes, uno de cuyos propietarios es un empresario israelí.

A última hora del sábado, el ejército israelí decretó la medida que venía evitando desde que Teherán anunció que vengaría el bombardeo en Damasco: la modificación de las instrucciones para la población, con la cancelación de las actividades educativas en todo el país y la limitación de las reuniones en zonas verdes a un máximo de 1.000 personas.

Poco después, compareció ante la nación el primer ministro, Benjamín Netanyahu. “En los últimos años, y especialmente en las últimas semanas, Israel se ha estado preparando para un ataque directo de Irán. Nuestros sistemas defensivos están desplegados. Estamos preparados para cualquier escenario, tanto defensiva como ofensivamente. El Estado de Israel es fuerte. Su ejército es fuerte. Su población es fuerte”, ha señalado poco antes del anuncio del ataque con drones. “Hemos determinado un principio claro: a quien nos haga daño, nosotros le haremos daño. Nos defenderemos de cualquier amenaza y lo haremos con sensatez y determinación”, ha agregado. Luego convocó a una reunión a su gabinete de guerra en Tel Aviv.

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Los llamamientos en los últimos días a la contención y el contundente “No [lo hagan]”, pronunciado el viernes por Biden como advertencia a Teherán, no han impedido un ataque que lleva a la región a terra incognita. “Estamos siguiendo de cerca un ataque planificado por Irán y sus aliados contra el Estado de Israel”, señaló el ministro de Defensa, Yoav Gallant, justo antes de que entrasen en vigor las medidas para la población y la vecina Jordania cerrase su espacio aéreo. “En los últimos días hemos fortalecido nuestra capacidad defensiva y ofensiva y estamos decididos a tomar todas las medidas necesarias para defender a nuestros ciudadanos”.

Daño económico

La jornada había comenzado con una acción comedida de Irán que, sin causar heridos ni atacar directamente territorio israelí, le otorgaba dos ventajas: mostraba su capacidad de infligir daño económico en el estrecho de Ormuz —una importante vía de paso marítima entre Irán, Omán y Emiratos Árabes Unidos— y dejaba la duda de si era solo un primer paso, en una ambigüedad importante en la guerra psicológica resuelta horas más tarde.

Miembros de su Guardia Revolucionaria abordaron a primera hora del sábado un carguero propiedad de una filial de Zodiac Maritime, una de las principales compañías marítimas internacionales. La compañía es parcialmente propiedad de Eyal Ofer, un empresario israelí cuyos barcos han sido atacados en el pasado. Las fuerzas iraníes bajaron sobre el barco con una cuerda desde un helicóptero y condujeron la embarcación a su país, según anunció la agencia de noticias estatal Irna. Mediterranean Shipping Company señaló que el buque tiene 25 tripulantes a bordo. Es la mayor empresa de transporte de contenedores y alquilaba el barco a una filial de Zodiac Maritime, la empresa que posee en parte el empresario israelí. Diecisiete de los tripulantes son indios, precisaron las autoridades del país.

Tras el asalto a la embarcación este sábado, Vali Nasr, profesor de Estudios de Oriente Próximo y Relaciones Internacionales en la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, recordaba en la red social X que Teherán ya había “obtenido varias victorias” solo con las amenazas de represalias. Primero, porque al obligar a Europa y a los países del Golfo a pedirle moderación, les imponía asimismo “la responsabilidad de frenar también la respuesta de Israel a la respuesta iraní”, lo que “contribuye en gran medida a lograr su objetivo de establecer un sistema de disuasión”.

Era, sin embargo, un golpe muy débil comparado con un ataque tan provocador (contra altos mandos militares y en un edificio consular en otro país) como el que había ejecutado Israel. Teherán venía señalando que no quería una guerra, pero tampoco dejar pasar por completo el ataque. Le haría mostrarse como débil o acobardado, lo que le colocaba ante un ramillete de malas opciones. La escogida, un ataque directo sin precedentes contra Israel, tiene consecuencias impredecibles y una predecible: una contundente represalia israelí en territorio iraní, más allá de las ramificaciones en otros territorios de la zona donde cuenta con aliados. Israel, de hecho, gestionaba principalmente hasta ahora su enfrentamiento con Teherán a través de asesinatos de científicos nucleares, ciberataques o bombardeos contra sus fuerzas o aliados en otros países, como Siria o Líbano. E Irán solía rehuir el conflicto directo para actuar a través de sus aliados, como Hezbolá en Líbano, otras milicias en Irak y Siria, los hutíes en Yemen y ―aunque con vínculos menos fuertes― Hamás, el grupo islamista que lanzó el ataque del 7 de octubre.

Arrastrar a Estados Unidos

Tras aquel ataque, su jornada más letal en 75 años de historia, Israel ha dado señales de querer transformar la “ecuación de seguridad” (como la suele denominar) en Oriente Próximo. Ya venía pisando el acelerador contra Hezbolá, bordeando el desencadenamiento de una guerra total, cuando lanzó el bombardeo en Damasco hace dos semanas, que subía ostensiblemente el riesgo de conflicto. Pese a las diferencias entre Netanyahu y Biden, un ataque del enemigo común iraní puede arrastrar a Estados Unidos a un conflicto que no desea.

El creciente enfado de la Administración de Biden con Israel por la guerra en Gaza se difuminó en las últimas horas, a medida que cobraba fuerza la perspectiva de un ataque a su más estrecho aliado en Oriente Próximo. La intercepción del barco en el estrecho ya devolvió la relación bilateral, cuestionada en las filas demócratas por el alto coste en vidas civiles en la Franja, a su mejor momento. Ya lo avisó el presidente Biden el viernes: por muchas críticas que pueda haber hecho al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu ―hace tres días calificó de “error” su gestión de la guerra―, en lo relativo a la defensa de Israel se cierran todas las filas. “Nos debemos a la defensa de Israel”, subrayó el viernes en un acto en la Casa Blanca.

El respaldo sin condiciones a Israel se sustancia en el envío de más buques de guerra y aviones por el Pentágono, según ha informado el diario The Washington Post, lo que también contribuye a alimentar la tensión. “Estamos trasladando activos adicionales a la región para reforzar los esfuerzos regionales de disuasión y aumentar la protección de las fuerzas estadounidenses”, dijo un funcionario de defensa, amparado en el anonimato. Los movimientos incluyen el reposicionamiento de dos destructores, uno de los cuales ya estaba en la región y otro que fue redirigido allí, según fuentes estadounidenses. Al menos uno de los buques cuenta con el sistema de defensa antimisiles Aegis.

A pesar de la tradicional hostilidad retórica ―EE UU sigue siendo el Gran Satán para la vieja guardia del régimen de los ayatolás―, Teherán ha medido milimétricamente sus fuerzas ante la maquinaria militar estadounidense. En los primeros meses de la guerra entre Israel y Hamás, las milicias respaldadas por Irán atacaron regularmente a las tropas estadounidenses en Irak, Siria y Jordania. Un ataque con dron mató a tres estadounidenses en Jordania en enero, y tras la represalia de EE UU en Irak y Siria, Teherán hizo cesar los ataques de sus apoderados por temor a una respuesta más contundente del Pentágono. Recíprocamente, la Administración demócrata también ha dejado claro que quiere evitar una guerra total.

Este contexto es el que ha llevado el petróleo a máximos en meses, con cada vez más países occidentales elevando el nivel de alerta de los viajes a Israel y más aerolíneas evitando sobrevolar Oriente Próximo. La aerolínea holandesa KLM ya anunció este sábado que dejará de sobrevolar Israel e Irán “por precaución”, aunque mantenía la ruta al aeropuerto de Ben Gurión, cerca de Tel Aviv, que apenas conlleva adentrarse en territorio israelí y seguía considerando segura. Lufthansa y su filial Austrian Airlines, las dos únicas compañías occidentales con rutas a Teherán, habían dejado estos días de sobrevolar Irán. El Ministerio de Exteriores de Países Bajos anunció el sábado el cierre de su embajada en Teherán.

El máximo responsable de la fuerza naval de la Guardia Revolucionaria, Alireza Tangsiri, ya había advertido este martes de que podrían cerrar el estrecho de Ormuz y de que veían como una amenaza la presencia de Israel en Emiratos Árabes Unidos. Ambos países normalizaron relaciones en 2020, junto con Marruecos y Baréin, en el marco de los Acuerdos de Abraham. La diplomacia israelí reaccionó exhortando a la UE a “declarar de inmediato organización terrorista a la Guardia Revolucionaria y sancionar a Irán”, porque la embarcación tenía bandera de uno de sus Estados miembros, Portugal.

La escalada del conflicto es el escenario que Washington quería evitar a toda costa en este año electoral desde que empezó la guerra el 7 de octubre. Funcionarios de EE UU amparados en el anonimato afirmaban el viernes que no se contemplaba un ataque directo a su país ni a sus fuerzas militares en la región. También lo descartaron fuentes de la Administración de Teherán bajo condición de anonimato. Finalmente, el ataque sin precedentes no ha ido contra ellos, pero sí contra su gran aliado en Oriente Próximo al que Biden ha dejado claro que nunca dejará solo. Menos aún en un escenario como el que comienza ahora.

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