La ciudad de Bogotá se convirtió esta semana en el escenario de una conferencia internacional que busca visibilizar y tomar acción frente a la crisis humanitaria en Gaza. Convocada por el Grupo de La Haya, la cumbre reúne a representantes de más de 30 países, entre ellos España, y cuenta con la participación de figuras clave en el ámbito internacional como Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas para los territorios palestinos.
El evento responde a la iniciativa del presidente colombiano Gustavo Petro, quien ha adoptado una postura firme en defensa del pueblo palestino desde el recrudecimiento del conflicto en octubre de 2023. En aquella fecha, un ataque de Hamás contra Israel dejó más de un millar de muertos y centenares de rehenes, desatando una ofensiva militar israelí que ha provocado, hasta ahora, más de 57.800 fallecidos en Gaza, según estimaciones de organizaciones internacionales.
Colombia terminó sus relaciones diplomáticas con Israel en la primavera de 2024, lo cual representó un cambio sin precedentes en su política internacional, usualmente alineada con Estados Unidos e Israel. Este viraje, promovido por el gobierno actual, ha sido complementado con un acercamiento estratégico hacia nuevos actores mundiales, como China, y a naciones árabes del Golfo, como Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
El Grupo de La Haya —compuesto por Colombia, Bolivia, Cuba, Honduras, Malasia, Namibia, Senegal y Sudáfrica— afirma, según sus integrantes, que quieren “convertir las palabras en hechos” frente a lo que consideran como crímenes de guerra del gobierno israelí. El encuentro finalizará con una marcha simbólica en la Plaza de Bolívar, un acto político y simbólico que tiene como objetivo solidificar una posición unificada desde el sur global ante el conflicto en el Medio Oriente.
Aunque ciertos expertos ponen en duda el verdadero efecto de estos encuentros, no se puede negar su importancia en el ámbito diplomático. Este evento es, a su vez, una plataforma para que Colombia, guiada por Petro, demuestre independencia en el panorama internacional, distanciándose de su papel habitual de aliado leal de Washington.
Desde su llegada al poder en 2022, Petro ha demostrado voluntad para rediseñar las relaciones exteriores del país. Su integración a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, el distanciamiento con Estados Unidos y el apoyo a causas internacionales como la palestina forman parte de una estrategia que busca posicionar a Colombia como un referente en el sur global.
A pesar de todo, este cambio ha provocado tensiones tanto internas como externas. Especialmente con Estados Unidos, la relación ha pasado por periodos de intensa fricción, como el incidente cuando Colombia regresó un avión con deportados a ese país, generando amenazas mutuas y una crisis diplomática que necesitó la rápida intervención de las cancillerías de ambos países.
En este escenario, la política internacional de Petro ha experimentado retos institucionales. En un período menor de tres años, el Ministerio de Relaciones Exteriores ha cambiado a cuatro ministros, incluyendo personajes importantes como Álvaro Leyva y Laura Sarabia, quienes dejaron el puesto después de desacuerdos evidentes con el presidente. La canciller más reciente, Rosa Yolanda Villavicencio, comenzó sus funciones justo el pasado 9 de julio.
Los especialistas en asuntos internacionales señalan que este ambiente de inestabilidad podría afectar la posición de Colombia a largo plazo. Aunque la cumbre respecto a Gaza está alineada con la perspectiva del gobierno actual, todavía es incierto si estas actividades resultarán en un cambio duradero en la diplomacia colombiana o si podrían ser revertidas por una administración futura.
Las elecciones presidenciales de 2026 marcarán un punto de inflexión. Dado que la política exterior adoptada por Petro no cuenta con consenso político amplio, se prevé que un cambio de gobierno podría traer consigo una reorientación hacia los vínculos tradicionales con Israel y Estados Unidos. Algunos sectores consideran incluso que la actual estrategia de Colombia obedece más a una visión personalista del presidente que a una política de Estado.
En el ámbito internacional, personas como Francesca Albanese creen que el Grupo de La Haya podría emerger como un nuevo referente moral en la política mundial, promoviendo una perspectiva diferente desde el sur global. El verdadero reto será convertir esa perspectiva en políticas sostenibles y efectivas, en un entorno global altamente polarizado y con figuras dominantes que rara vez ceden espacio sin presiones significativas.
Con esta cumbre, Colombia da un paso más en su intento por redefinir su papel en el tablero geopolítico, apostando por una agenda humanitaria, multilateral y crítica con los poderes tradicionales. Si la iniciativa tendrá efectos tangibles en la situación en Gaza o en la política exterior colombiana, es una pregunta que aún está abierta. Pero lo cierto es que Bogotá ha puesto un nuevo punto en el mapa de la diplomacia internacional.