Bogotá se encuentra a aproximadamente 2.640 metros sobre el nivel del mar; otras ciudades andinas tienen alturas mayores: Quito ~2.850 m, Cusco ~3.399 m, La Paz (centro) ~3.650 m y El Alto ~4.000 m. A estas alturas la presión atmosférica disminuye y con ella la presión parcial de oxígeno disponible para el cuerpo, lo que puede provocar hipoxia relativa y síntomas conocidos como mal de altura. La adaptación rápida y organizada reduce riesgos, acelera el confort y permite disfrutar mejor del viaje o del trabajo.
Principios esenciales de la fisiología
- Disminución de la presión barométrica → menor presión parcial de oxígeno en el aire inspirado.
- Respuesta inmediata: aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca para mantener el aporte de oxígeno.
- Adaptación a días y semanas: mayor ventilación sostenida, aumento de la producción de eritropoyetina y, con el tiempo, incremento de glóbulos rojos.
- Periodo crítico: primeros 2 a 3 días tras la llegada; la aclimatación inicial suele producirse en 48–72 horas, mientras que la adaptación más completa toma semanas.
Síntomas más frecuentes del mal de altura
- Dolor de cabeza, considerado el malestar más frecuente.
- Sensación de náuseas o disminución del apetito.
- Cansancio, episodios de mareo, dificultad para dormir y falta de aire al realizar esfuerzos.
- En situaciones más serias: problemas respiratorios incluso en reposo, tos con flema espumosa, falta de coordinación, desorientación o desmayo (posible indicio de edema pulmonar o cerebral asociado a la altura).
Prevención práctica para viajeros y residentes recientes
- Ascenso gradual: evitar subir más de 300–500 m por día una vez por encima de 3.000 m; cuando esto no sea posible, planificar días de descanso cada 600–1.000 m de ganancia.
- Descanso al llegar: evitar esfuerzos intensos las primeras 24–48 horas; actividades suaves como caminatas cortas son adecuadas.
- Hidratación: beber agua regularmente. Evitar bebidas alcohólicas y sedantes que deprimen la respiración.
- Dieta: ricas en carbohidratos para facilitar la ventilación y la energía; evitar comidas muy grasas las primeras 48 horas.
- Control del esfuerzo: conservar energía, subir a ritmo cómodo, utilizar guías o transporte cuando la altura es significativa.
- Monitoreo: prestar atención a la intensidad de los síntomas en las primeras 72 horas; usar un pulsioxímetro puede ser útil para seguimiento casero (valores aproximados: 90–92% en ~2.600–3.000 m; por debajo de 80–85% es preocupante y requiere evaluación).
Medicamentos recomendados y momentos adecuados para su uso
- Acetazolamida (profilaxis): disminuye la probabilidad y la intensidad del mal de altura. Suele emplearse entre 125 y 250 mg cada 12 horas, iniciando su uso 24–48 horas antes del ascenso y manteniéndolo durante 48 horas tras llegar a la altitud prevista. Se contraindica en pacientes con alergia a sulfonamidas y requiere prudencia en embarazo o afecciones renales.
- Acetazolamida (tratamiento): ante síntomas leves o moderados puede administrarse la misma pauta; si el cuadro progresa, la medida más eficaz continúa siendo descender.
- Dexametasona: indicada en manifestaciones graves de edema cerebral de altura, como confusión, ataxia o pérdida de conciencia. En emergencias suele utilizarse 4 mg cada 6 horas. Funciona como apoyo temporal para facilitar el descenso y la atención médica.
- Oxígeno: su aporte suplementario mejora con rapidez la saturación y alivia las molestias; resulta beneficioso en cuadros moderados o severos, o cuando no puede realizarse un descenso inmediato.
- Analgésicos: ibuprofeno o paracetamol ayudan a mitigar la cefalea; si no cede, debe solicitarse valoración clínica.
Precauciones según condiciones médicas
- Las personas con afecciones cardiovasculares, trastornos respiratorios crónicos, anemia grave, diabetes descompensada o que se encuentren embarazadas deberían solicitar orientación médica antes de desplazarse a alturas superiores a 2.500 m.
- Los adultos mayores y los menores pueden enfrentar un riesgo más elevado; conviene programar ascensos más pausados y mantener una supervisión constante.
- El consumo de medicamentos que influyen en la respiración o en el balance hídrico, como sedantes, opiáceos o diuréticos, precisa una valoración médica anticipada.
Guía específica por ciudad andina
- Bogotá (2.640 m): riesgo moderado. Muchos visitantes sienten leve fatiga o cefalea las primeras 24–48 h. Recomendación: descanso, hidratación, evitar esfuerzo vigoroso el primer día. Evitar alcohol la primera noche.
- Quito (2.850 m): similar a Bogotá, pero ligeramente mayor riesgo. Mantener ascenso gradual si se llega desde altitudes bajas y considerar profilaxis con acetazolamida en personas sensibles.
- Cusco (3.399 m): altura significativa: mayor incidencia de mal de altura entre turistas. Es preferible pasar 1–2 noches en una altitud intermedia o planificar un día de adaptación antes de actividades intensas como visitar Machu Picchu.
- La Paz / El Alto (3.650–4.000 m): riesgo alto. Planificar al menos 48–72 horas de aclimatación antes de actividades exigentes. Considerar profilaxis farmacológica y llevar oxígeno portátil si es posible.
Casos reales y aplicaciones prácticas
- Turista que llega a Bogotá desde el nivel del mar: cefalea leve y sueño interrumpido la primera noche. Mejoró con hidratación, paracetamol y dormir bien; realizó caminatas cortas al segundo día sin mayor problema.
- Grupo de excursionistas que subió de Lima directamente a Cusco: varios con náuseas y cansancio al día 1; dos personas requirieron acetazolamida y descanso; una persona con empeoramiento fue evacuada a menor altitud y se recuperó al cabo de 24 horas.
- Residente local que se mudó a La Paz desde una ciudad baja: presentó disnea al esfuerzo y fatiga persistente; tras evaluación, se encontró anemia que agravaba la adaptación y mejoró con tratamiento específico.
Lista de comprobación previa y durante la estancia
- Consultar previamente con el médico si se padecen enfermedades crónicas.
- Valorar llevar acetazolamida cuando se viaje a zonas por encima de 2.500–3.000 m.
- Organizar un ascenso paulatino y prever noches para aclimatarse.
- Asegurar una adecuada hidratación y evitar el consumo de alcohol durante las primeras 48 horas.
- Reconocer los principales signos de alerta: dolor de cabeza que empeora, vómitos continuos, dificultad para respirar en reposo, confusión o falta de estabilidad.
- Contar con un plan de evacuación o un medio de transporte disponible para descender en caso de emergencia.
Consideraciones culturales y prácticas locales
- En numerosas comunidades andinas, la hoja de coca suele emplearse ya sea en infusiones o masticada para mitigar el mareo y el apetito; se trata de una costumbre ancestral con efectos suaves que muchos viajeros consideran útil. Es importante verificar la normativa del país de origen y las posibles consecuencias legales si se pretende trasladar hojas fuera del territorio.
- Las oficinas de turismo y los guías locales habitualmente identifican zonas adecuadas para una aclimatación gradual y cuentan con servicios de asistencia en rutas turísticas muy concurridas.
La adaptación a la altura es un proceso predecible que combina medidas simples —ascenso gradual, hidratación, descanso y control del esfuerzo— con apoyo médico cuando hay factores de riesgo o síntomas preocupantes. Comprender cómo responde el cuerpo, planificar el viaje con márgenes de tiempo y conocer signos de alarma permite disfrutar de Bogotá y del resto de las ciudades andinas con seguridad y mayor bienestar.